Con este artículo pretendo plantear un paradigma diferente, dicho paradigma sugiere que cada ser humano tiene en sus manos una poquito de la solución a todos los problemas de la humanidad.

¿Cuál es la base de dicho paradigma?

Por alguna extraña razón, tenemos una tendencia colectiva a pensar que el mundo está como está por culpa de otros; esto se hace evidente en cualquier conversación informal o incluso en nuestra manera de ver la realidad.

Si nos preguntamos en estos instantes acerca de cómo está el mundo y por qué está como está, de seguro comenzaremos a pensar en hechos como corrupción, ansias de poder, chantajes, extorsiones, terrorismo, capitalismo, socialismo, comunismo y mucho más.....

Lo que nos lleva por el camino fácil de creer que el cambio debe darse en los corruptos, ladrones, ambiciosos, asesinos, políticos, el presidente, el alcalde, los Musulmanes, los Sacerdotes, el Papa, la policía...........

Pero, ¿qué sucede cuando todos creemos que la solución está en manos de otros?; si bien es cierto que las evidencias nos muestran que los factores y actores mencionados anteriormente podrían representan los problemas sociales que padecemos, también sería bueno abrir las fronteras de nuestro entendimiento y darle paso a posibilidades adicionales, en las que cada individuo pueda identificar cuáles son sus contribuciones, tanto al caos como a la solución.

¿Y entonces?

Amigo lector, le invito a realizar un ejercicio simple: Piense en dos personas, una de ellas debe ser un personaje público (político, artista, deportista, líder religioso); el otro debe ser alguien de su propio entorno social / familiar.

Dese la oportunidad de identificar los que en su opinión son los defectos de ambas personas; hágalo con plena honestidad; además piense en los efectos que dichos defectos pueden causar a otras personas.

A modo de ejemplo asumamos que elige al presidente de su país (personaje público) y a su jefe (persona de su círculo social / familiar); al presidente usted lo identifica como un corrupto que se deja sobornar, lo cual afecta el patrimonio de su nación, con lo que causa una reducción en las posibilidades de inversión que podría generar millones de empleos.

Por otro lado, usted identifica a su jefe como una persona autoritaria y soberbia, lo cual le afecta directamente a usted y al resto de sus compañeros de trabajo, al punto en que ya ha perdido la motivación por su trabajo y le hace sentir estancado, aburrido e inestable.

Continuemos con el ejercicio haciéndonos la siguiente pregunta:

¿Cómo serían las cosas si estas dos personas no tuvieran estos defectos?

Retomando el ejemplo anterior, imaginemos cómo sería su país si el presidente fuera una persona transparente e incorruptible y si su jefe fuera humilde y amable.

¿Es utópico? / ¿Es lógico?

Considero prudente no responder la pregunta desde mi perspectiva, prefiero dejarla abierta para que cada quien la responda con plena libertad.

Lo que es evidente es que este mundo necesita buenas personas, seres humanos que hayan superado la frustración y el fracaso, padres de familia responsables, conductores prudentes, médicos apasionados por su profesión, abogados justos, soldados comprometidos, líderes religiosos coherentes, autoridades solidarias, consumidores honestos que no apoyen el contrabando, esposos fieles, empleados eficientes y periodistas que difundan la verdad.

Suena muy bonito, pero estamos olvidando algo

¿Y qué sucede con las culturas y religiones que promueven la violencia y el terrorismo?, o ¿las ideologías que promueven el odio racial?, o ¿las tendencias de izquierda y derecha que son antagónicas y que tanto daño le han hecho al mundo?

Si usted se hace estas y otras preguntas similares, no se preocupe, realmente este paradigma es difícil de entender, así que le invito a leer todo de nuevo.

Si por el contrario usted se siente listo para seguir adelante y no distraerse con estos interrogantes, entonces vamos a la última parte de este artículo.

¿Y qué sigue?

Lo primero es entender que tenemos una responsabilidad con todo lo que nos rodea, administramos parte del bienestar de otros y tenemos uno de los poderes más grandes de la naturaleza.

Tenemos el poder de hacer el bien.

Si queremos podemos hacer el bien cuando queramos y a quien queramos, podemos ser amables con otras personas, podemos serle fiel a nuestras parejas, podemos ser sensibles con el dolor del prójimo y mucho más.

Finalmente el llamado es a la reflexión, a mirar en nuestro interior, pues en la medida en que seamos mejores personas vamos a poder generar un impacto en nuestro entorno, debemos sentirnos parte de algo grande y estar dispuestos a hacer cosas grandes, a vencer los temores, la pereza, el miedo al fracaso y mucho más.

Para quienes consideren que esto es posible, entonces se encontrarán con un mundo muy diferente y apasionante, lleno de retos y oportunidades para todos.

Si lo desea, puede empezar haciendo una lista de los roles que desempeña (padre, esposo, hijo, hermano, amigo, empleado, Cristiano, funcionario público…); trate de identificar todos los roles.

Cada rol representa una gran variedad de oportunidades para hacer el bien, y al mismo tiempo cada rol tiene consigo una serie de responsabilidades que debe asumir.

Si decide hacer este ejercicio a conciencia, le aseguro que le podrá dar un valor adicional a las cosas que hace en el día a día.