La mentira se está convirtiendo en una pandemia que se toma al mundo de forma sutil pero contundente.

A todos los seres humanos nos gusta que nos hablen con la verdad, pero nos sentimos inclinados a mentir sistemáticamente.

Suena un poco dramático, pero la cuestión es que se trata de algo dramático; la mentira es un elemento predominante en nuestra sociedad, incluso ya nos estamos acostumbrando a que nos mientan.

Por ejemplo, sabemos que la credibilidad de los medios de comunicación es cuestionable, sin embargo cada día hacemos más difusión de lo que ellos publican, incluso cuando no estamos 100% seguros de que lo que dicen es cierto.

Las noticias falsas (fake news), la corrupción, los falsos testigos, las “persecuciones políticas”, las elecciones presidenciales o de órganos legislativos, los escrutinios de consultas populares, los sorteos para elegir sedes del campeonato mundial de la FIFA, los reinados de belleza, y más……

En todo lo anterior podemos ver cómo la mentira se hace protagonista.

Lo que es realmente triste no es que la mentira sea una característica de nuestra sociedad, el problema es que la mentira es una enfermedad personal que ha trascendido al campo de lo social.

El problema es que la verdad y la transparencia ya no hacen parte de los valores individuales; los seres humanos de hoy, en su hambre de poder y deseos insaciables de poseer, disfrazan su esencia con máscaras que les permite mostrar una imagen falsa y corrupta de lo que realmente son.

Lo que hoy vemos por televisión o leemos en redes sociales, es el resultado de lo que durante muchos años hemos ido construyendo, y lo que estamos construyendo para el mañana no parece ser mejor.

Ser buenos no significa ser perfectos, lo que más necesita nuestra sociedad es personas imperfectas que intenten ser mejores, lo cual implica que necesitamos ser transparentes, aceptar nuestras falencias, asumir las responsabilidades de nuestros actos, ser coherentes entre lo que hacemos, creemos y pensamos; y sobre todo, ser personas confiables, que no sintamos temor de mostrarnos tal como somos y que estemos dispuestos a aprender de nuestros errores.

La sociedad se compone de individuos, lo cual implica que la sociedad es el reflejo de la moral de los individuos que la integran.

No podemos definir a la sociedad sin definir a los individuos que la componen, es por esto que necesitamos reflexionar y empezar a hacer cambios, pequeños cambios individuales que nos permitan construir un futuro diferente.

NO MENTIR y SER TRANSPARENTES deberían ser dos principios innegociables en nuestra vida cotidiana, no solo por cuestiones sociales, sino también por un beneficio personal, pues el buscar la transparencia y la verdad nos servirá para poder vivir tranquilos y encontrar paz, una paz estable y duradera.

No le tengamos miedo a equivocarnos, no pretendamos ser perfectos, no escondamos nuestras debilidades, busquemos ser auténticos en todo lo que hacemos; de esta manera podremos establecer lazos más sólidos entre nosotros, construir relaciones efectivas y hacer sinergia con los demás.

La mentira se está tomando al mundo, la verdad y la transparencia pueden cambiar muchas cosas en nuestra vida, no nos acostumbremos a dudar de todo, eso NO ES NORMAL.