Uno de los primeros obstáculos que encontramos al momento de evaluarnos es nuestra mente, no solo la cantidad de ideas e imágenes que tenemos, sino también la forma en que vemos el mundo.

A lo largo de nuestra vida vamos construyendo definiciones y juicios acerca de todo lo que nos rodea, como por ejemplo las situaciones y las personas.

Estas definiciones van afianzándose cada día más y se convierten en nuestra propia verdad, algo que damos por sentado y que empieza a determinar todas nuestras acciones y reacciones.

Lo primero que debemos hacer es tomar plena consciencia de este hecho y asumir que la forma en la que vemos el mundo no constituye una verdad que todos deben aceptar; es más un reflejo de nuestra experiencia.

Podríamos usar el siguiente principio:

El mundo es como es y no como yo lo veo

Una gran dosis de humildad es necesaria para aceptar este principio, que como tal constituye una verdad absoluta; por lo que podríamos llegar a definir un segundo principio:

No toda verdad es absoluta y no toda verdad es relativa; ni las verdades relativas son absolutas, ni las verdades absolutas son relativas.

Estos son principios un tanto difíciles de asimilar si no se observan de manera objetiva, sin involucrar ninguna visión personal, y sobre todo, acudiendo sólo al sentido común, haciendo a un lado cualquier emocionalidad.

Basándonos en estos principios, podemos concluir que existen verdades que difieren de nuestra visión de realidad, como por ejemplo las razones por las cuales una persona enfrenta una determinada situación de la vida; digamos que nos enteramos que alguien tiene problemas relacionados con altos niveles de azúcar en la sangre, y nuestro juicio inmediato nos sugiere que esta persona ha llevado una vida de desórdenes alimenticios, pero luego nos enteramos que dicha persona tiene una condición heredada y que en su familia es común padecer dicha enfermedad.

Este pequeño ejemplo nos puede ilustrar un poco el concepto, pero además nos lleva a un nivel más profundo que podemos ilustrar enunciando un tercer principio:

Descubrir una verdad absoluta nos lleva a cambiar nuestros paradigmas.

Entonces podemos decir que un paradigma es un punto de vista, una perspectiva personal inspirada por la propia experiencia.

Hacernos plenamente conscientes de ello nos concede grandes beneficios:

  • Ser libres de cometer errores, cada error cometido se convierte en una oportunidad de aprender, madurar y crecer
  • Ser flexibles y capaces de adaptarnos a los cambios, lo cual permite ser muy versátiles y desempeñar diferentes roles según las necesidades que cada situación demande
  • Ser abiertos a las diferencias que existen entre las personas, se facilita construir relaciones efectivas con la gente
  • Se hace menos vulnerable a los cambios emocionales, lo cual permite perseverar en la consecución de objetivos

Queremos concluir haciendo a nuestros lectores un par de invitaciones:

  1. Seamos conscientes de que todo lo que pensamos acerca de las personas, o incluso de las situaciones que nos rodean corresponde a un punto de vista personal, abriendo nuestra mente a la posibilidad de que en verdad algunas cosas puedan ser diferentes a lo que pensamos
  2. Abrir nuestra mente al cambio, una forma de hacerlo es evaluando algunos paradigmas y buscando la realidad detrás de ellos, así podremos determinar si necesitan ser modificados o afianzados

Próximamente estaré añadiendo algunos ejercicios prácticos que serán de gran utilidad para quien desee realizarlos.